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Llegó a Madrid, cantó y triunfó.El último disco de la Bartoli, mezzo italiana, sobre la figura maldita de la española María Malibrán (1808-1836), es una joyita por dos razones: no sólo porque las arias son más que estupendas, sino porque la Bartoli, viene a rescatar a una diva revolucionaria, devota de George Sand, pionera de la emancipación femenina, heroína de la melomanía, española cosmopolita que se casó, tuvo de amante un violinista, murió joven, con 28 años y fue la figura del bel canto en el siglo XIX. Era conocida porque era capaz de llorar en un escena sin perder la tesitura de la voz, conseguida por un padre pluscuamperfecto, tenor, que la daba puntapiés de pequeña para entonarla los agudos.
La Malibrán, personaje tremendo y de personalidad volcánica, que me hubiera gustado conocer, hablaba cinco idiomas, interpretó obras de Rossini, triunfó en La Scala, eclipsó a la Pisaroni (contralto ciega), Bellini y Donizetti se pirraban por escribirla papeles y Liszt, Chopin y Rossini, seguro que les hubiera gustado un revolcón con ella.
En Londres, perdió las riendas de su caballo, cayó y quedó enganchada a un estribo, dando su cabeza golpes contra el suelo, lo que derivó en un traumatismo craneal que le hacía desvanecerse . Siguió actuando pero ya tenía los días contados. Se desvaneció en Manchester, en una actuación y cayó fulminada en el escenario, aunque sobrevivió nueve días, fue el final.
“María”, como se llama el disco recuperado en la voz de Cecilia, redunda en la campaña feminista que la Bartoli ha iniciado con sus grabaciones de las arias barrocas que las mujeres no podían cantar en el siglo XVIII por censura pontificia. Precisamente, “Opera Proibita”, otra joyita de la Bartoli, fue no hace mucho un éxito.

















Vean las caras...¿No estarían así empujando a sus parejas a la bebida?




