30 diciembre, 2013
Bye perrín
"Aquí reposan
los restos de una criatura
que fue bella sin vanidad
fuerte sin insolencia,
valiente sin ferocidad
y tuvo todas las virtudes del hombre
y ninguno de sus defectos".
El mío ha estado conmigo 14 años, y su última excursión fue a las piraguas este verano. Cómo se les quiere a los animalitos...
03 abril, 2013
Virginia Woolf
27 marzo, 2013
Libros que busco
Un fauvista
16 febrero, 2013
14 febrero, 2013
13 febrero, 2013
Viajeras y exploradoras (II)
• Lady Mary Montagu, fue la primera mujer occidental que entró en un harén. Era tan aventurera que escribiría: “Toda Inglaterra estaba infectada de aburrimiento”.
• Lady Hester Stanhope, por lo visto medía más de metro ochenta y fue la primera mujer que entró en la ciudad de Palmira.
• Lady Jane Digby. Además de guapa era una enamoradiza… después de dos matrimonios, dejó a sus hijos con los respectivos maridos y se fue a Oriente, donde se casó felizmente con un beduino del desierto.
• Isabel Burton. Era totalmente una puritana. Se casó con un diplomático inglés Robert Burton con el que viajó por todo oriente de cancillería en cancillería, más que por el placer de viajar por controlar los excesos de su marido. A la muerte de su esposo, quemó todos los apuntes que su marido había tomado durante décadas sobre las costumbres árabes. El imperio británico todavía no se lo ha perdonado.
• Gertrude Bell. Gran conocedora de Oriente, ayudó a trazar las fronteras actuales de Irak. Hay una foto suya famosa con Churchill a camello en Egipto.
• Freya Stark. Esta mujer era la más exploradora de todas. Se cuenta que con 90 años andaba explorando Nepal y las cumbres del Himalaya a lomos de una mula. Publicó más de 30 libros contando sus aventuras. Dejó escrito aquella frase que me fascina: “A una le sobreviene una especie de locura a la vista de un buen mapa”.
• Agatha Christie. Sí, la famosa escritora de novelas policiacas. En su segundo matrimonio se casó con un arqueólogo que la llevo a sus excavaciones arqueológicas por Oriente. La escritora no sólo disfrutó haciendo inventario y limpieza de las piezas ; si no que muchas de sus novelas se inspiraron en ese entorno.
05 febrero, 2013
La mujer Disney
29 enero, 2013
Estereotipos femeninos… canino
Una geisha para una geisha
Un regalo. Una geisha. Inesperado de una detallista que no se dio cuenta que la geisha traía mensaje.
También las mujeres sabían pintar
Un amanecer de hace 25.000 años, en algún lugar cercano a lo que hoy llamamos el mar Cantábrico, un grupo de hombres —seguro que eran hombres— se abrió paso monte arriba entre los acebos y los tojos, camino de una gruta en cuya oscuridad se adentraron valientemente, iluminándose con grasientas teas. Aquella mañana milagrosa, sobre las paredes de la caverna dejaron la representación pintada o grabada de los animales de su entorno, caballos, bisontes o ciervos. Y una curiosa cantidad de siluetas de manos, que lograron hacer colocando sus palmas contra la piedra y escupiendo alrededor pigmento de ocre.
Sí, el arte paleolítico lo hicieron los varones. Eso es lo que siempre imaginamos: eran ellos quienes se dedicaban a esa actividad religioso-artística. Hombres. Cazadores y brujos, y también pintores. Pero ¿por qué ellos? ¿Hay pruebas que demuestren esa autoría masculina? Existen pruebas, en efecto, pero no en ese sentido. Los expertos siempre pensaron que, dadas las diferencias de tamaño, buena parte de las manos plasmadas en las cavernas debían de ser manos de mujer. Ahora, un programa informático diseñado por científicos del Centre National de la Recherche Scientifique (el CSIC francés) lo ha demostrado: algo más de la mitad de esas siluetas corresponden, por sus medidas y su morfología, a cuerpos femeninos. Las mujeres estuvieron allí, y podemos suponer que participaron igualmente en la representación de otras figuras. En el paleolítico hubo mujeres “artistas”, que pintaron en las grutas entremezcladas con los hombres. Si nunca nos las imaginamos en esa tarea, es sin duda a causa de ese prejuicio tan asentado en nuestros cerebros que nos lleva a creer que casi todas las cosas importantes de la humanidad —salvo parir— las han hecho los hombres.
Les pido que ahora nos acerquemos por un instante al ámbito tenebroso de los monasterios medievales, donde los monjes se dedicaron durante siglos a preservar la cultura y la tradición escrita y a crear pacientemente las extraordinarias ilustraciones de los códices miniados. De nuevo los hombres. ¿Seguro...?. También en este caso los hechos demuestran algo diferente: sabemos para empezar que, hasta el siglo XIII, los monasterios europeos eran dúplices, es decir, cobijaban —aunque en edificios separados— a monjes y monjas. Ambos sexos compartían el trabajo en los scriptoria, los talleres donde se copiaban e iluminaban los manuscritos. La mayor parte de ellos carecen de firma, lo que hace imposible su atribución. Pero algunos contienen sorpresas: por ejemplo, el códice de los Comentarios al Apocalipsis de Beato de Liébana que se conserva en la catedral de Gerona y que es una obra maestra del género. El libro se terminó el 6 de julio de 975 en elscriptorium del monasterio de San Salvador de Tábara (Zamora), y está firmado por “Emeterio, monje y sacerdote” y “Ende, pintora (pictrix) y sierva de Dios”. Un primer nombre de mujer para la historia del arte español.
Qué misteriosa, Ende. Pero su existencia brumosa no es, como podría parecer, una anomalía irrepetible. Por supuesto que la presencia femenina en el mundo de las artes europeas fue rara hasta finales del siglo XIX, igual que lo fue en cualquier otra actividad que supusiera beneficios cuantiosos y prestigio social. Rara, pero real. Aunque apenas las conozcamos, hubo un notable puñado de mujeres, sin duda valientes, que a lo largo de los siglos pintaron o esculpieron. Mujeres que casi siempre habían aprendido el oficio de manos de sus propios padres en el taller familiar.
Ellas compitieron codo a codo con los hombres por lograr el apoyo de los grandes mecenas, los monarcas, la aristocracia y el alto clero. A veces fueron vapuleadas y tratadas con desprecio. Algunas abandonaron ante las presiones sociales. Otras permanecieron ocultas tras la figura del padre o del marido. Pero también las hubo que defendieron con uñas y dientes su talento y lograron imponerse como artistas de éxito en un mercado en el que la lucha por hacerse con los encargos era feroz. Unas cuantas llegaron a ser reconocidas en toda Europa, vivieron viajando de un país a otro, solicitadas de todas partes, y se construyeron sólidas fortunas.
Ahí están, como pequeños rayos de luz lunar en ese universo mayoritariamente masculino, Sofonisba Anguissola (1532-1625), que durante 13 años retrató a los miembros de la familia de Felipe II. Lavinia Fontana (1552-1614), que pintó para el Papa Clemente VIII y llegó a cobrar por sus retratos lo mismo que el gran Van Dyck. Artemisia Gentileschi (1593-1652), que ganó tanto dinero con sus espléndidos cuadros que pudo casar a sus hijas con nobles españoles, previo pago de enormes dotes. Judith Leyster (1609-1660), que alcanzó un gran éxito en Holanda. Luisa Roldán, La Roldana (1652-1704), exquisita escultora de cámara —el máximo honor de la época— de Carlos II y de Felipe V. Rosalba Carriera (1675-1757), favorita en muchos palacios e introductora de la técnica del pastel en la Francia del rococó. Angelica Kauffmann (1741-1807), que se enriqueció en Inglaterra con sus obras neoclásicas. Elisabeth Vigée-Lebrun (1755-1842), retratista preferida de María Antonieta y codiciada por la nobleza de toda Europa. Constance Charpentier (1767-1849), premiada en varios de los famosos salones parisinos de su tiempo. O Rosa Bonheur (1822-1899), famosísima en medio mundo gracias a sus cuadros de animales.
Son únicamente algunos nombres del notable grupo de mujeres que precedieron a las impresionistas y post-impresionistas —Berthe Morisot, Mary Cassat, Eva Gonzalès, Camille Claudel, Lluïsa Vidal o Suzanne Valadon— y a las artistas de las primeras vanguardias. Solo entonces, a finales del siglo XIX, cuando la condición femenina comenzaba lentamente a cambiar, empezaron a aparecer en las escuelas de arte decenas de muchachas que aspiraban a convertirse en artistas, ya no como “rarezas”, sino como auténticas iguales y colegas de los hombres. Solo entonces, a algunos no le quedó más remedio que poner en duda la idea tan extendida —y aún no del todo derrotada— de que el sexo femenino no estaba capacitado para la creación artística. “El arte es ajeno al espíritu de las mujeres, pues esas cosas solo pueden realizarse con mucho talento, cualidad casi siempre rara en ellas”, había escrito Boccaccio. Un pensamiento que repitieron una y otra vez a lo largo de los siglos muchos hombres ingeniosos. (Y sospecho que un tanto misóginos.)
Todas esas mujeres fueron reales. Existieron. Pintaron o esculpieron. Y triunfaron. La gran pregunta es por qué no aparecen en la mayor parte de los libros de historia del arte. Y por qué no vemos sus obras en los museos. Supongo que la respuesta la tienen los hombres que, mayoritariamente, han ejercido como historiadores, críticos y conservadores hasta tiempos muy recientes. Ellos, defensores conscientes o inconscientes del androcentrismo en la cultura, han relegado a las escasas artistas históricas al olvido. Han omitido sus nombres en sus estudios, han arrumbado sus cuadros en los depósitos o los han colgado en los rincones más oscuros de las salas. Y a veces, los han expuesto bajo los nombres de grandes maestros, por supuesto varones: sin ir más lejos, en el Museo del Prado han “aparecido” en los últimos años dos espléndidos retratos de Sofonisba Anguissola y uno más que se le atribuye, cuadros que siempre se habían considerado obras de otros pintores.
Sí, ya sé, ya sé, el eterno recelo: es cierto que ninguna de ellas llegó a ser Leonardo o Velázquez o Goya. No hubo ningún genio entre esas pintoras. Pero quienes afirman eso suelen olvidar que su número fue mucho menor que el de los hombres, su lucha mucho más intensa y probablemente su autoestima infinitamente más débil. Y que, desde luego, tampoco la mayoría de los artistas masculinos que aparecen en los manuales de historia del arte y que cuelgan en los museos fueron Leonardo, ni Velázquez, ni Goya. Y, sin embargo, ahí están. Visibles y recordados, aunque no fueran los mejores, mientras ellas descansan todavía, en buena medida, en el limbo —tan femenino— de la inexistencia.
24 diciembre, 2012
George Hurrell, el fotógrafo
08 diciembre, 2012
De Bobarys
La gata Fanchette de Claudine
31 octubre, 2012
Perros tuneados
27 septiembre, 2012
Einstein y la tecnología
09 agosto, 2012
Viajeras y exploradoras

08 agosto, 2012
Una mujer en Berlín

Ese es una joyita de diario anónimo, donde una mujer periodista que trabaja en una editorial se ve sorprendida por la ocupación de los rusos en Berlín. El diario es entre el 20 de abril y el 22 de junio de 1945; 2 meses de vicisitudes, racionamiento, supervivencia, el buscarse la vida, el miedo de las mujeres a la violaciones, por aquello, de que las mujeres también somos botín de guerra, su heroísmo y de cómo tras la atrocidad de una violación, parece que queda en anecdótica impunidad… donde las mujeres berlinesas las silencian y sus compañeros son testigos impotentes.
Se sabe que más de cien mil mujeres fueron violadas en Berlín durante la II Guerra Mundial.
Vengo de olvidarte
Doy a conocer una poetisa y narradora madrileña que desconocía y me ha sorprendido gratamente. Belén Reyes.
| Vengo de olvidarte... |
08 julio, 2012
26 junio, 2012
50 años de su desaparición
Con faldas y a lo loco, Vidas rebeldes, Cómo casarse con un millonario, Los caballeros las prefieren rubias, La tentación vive arriba, Luces de candilejas, Río sin retorno, Eva al desnudo, Bus Stop, Me siento rejuvenecer, La jungla de asfalto… Hoy tendría 86 años.
Lee Strasberg dijo en su despedida “No puedo decirle adiós a Marilyn, nunca le gustaba decir adiós. Sólo diré… hasta la vista”.
Documental que narra la vida de Marilyn en su etapa final.
Parte I
Parte II
Parte III
Parte IV
¿Dónde se origina el amor?

Localizan el lugar exacto, exactito en el que se origina el amor. En el cerebro. Nada nuevo, por otra parte… ya lo sospechaba.
En concreto, han descubierto que la parte del cerebro donde se originan los sentimientos que experimentamos cuando estamos enamoradas está en la misma zona cerebral que la adicción a las drogas y el deseo sexual: allá por el hipocampo y la amígdala cerebral.
02 mayo, 2012
De la imposibilidad de abandonar un libro y aún así abandonarlo
24 abril, 2012
Pintura pintoresca
05 abril, 2012
El Amor. Un sentimiento desordenado

Llevar a tu perro a la oficia reduce el estrés

Va otro estudio de los que yo llamo de Cincinnati como el anterior del chocolate.
A mi lo que realmente me gustaría es llevar a mi foxterrier a la oficina. Anda que no se lo iba a pasar él bien y todo el mundo…
Y ahora tengo un estudio que me confirmaría el poder llevar al perro a la oficina y así reducir el estrés del personal. Bueno, el estudio es todavía prelimilar, pero ante la evidencia de los resultados los investigadores han sugerido que se permita el acceso de las mascotas a los lugares de trabajo con el fin de subir la moral tanto de la dueña como de compañeras y compañeros.
Yo una vez paseando a mi perro por el parque me encontré a uno que llevaba un halcón… no sé si será buena idea llevarlo a la oficina… hay mascotas y mascotas.
((Arriba mi perro))
Amante del chocolate

Por este blog ya he dejado evidencias de que soy una gran consumidora de chocolate relleno o sin rellenar, negro o con leche, en tableta, en bombones, en tarta... Ahora, unas investigadoras de la Universidad de California, descubren que los amantes del chocolate son más delgados y que sumar una barra de chocolate a la alimentación diaria ayuda a limitar el peso, además de que los antioxidantes reducen la presión sanguínea y el colesterol.
Así que a comer chocolate con moderación.
Y sí, soy delgada, pero no creo que sea producto del chocolate.





























