12 junio, 2016

Hiperfotografía

Jean FranÇois Rauzier, un fotógrafo muy original que une miles de fotografías y este es el resultado. Lo llama hiperfotografía. Deconstruye la realidad a trocitos y luego la vuelve a recomponer a su antojo.

Esos cuadernos de apuntes

El libro de cuentas de Salvador Dalí. Dibujos y anotaciones, recientemente subastado.

Cada cual ensimismado en lo suyo

El fotógrafo Eric Pickersgill conocido porque ha borrado los móviles de las manos de las personas.






14 mayo, 2016

Duelo de gatas

“En la ópera siempre hay mucho que cantar”
Claude Debussy

13 mayo, 2016

El todo por las partes I

Fotografías mías sobre el cuadro del artista Antonio de Felipe.




La parte por el todo II

Fotografías mías sobre cuadro del artista Antonio de Felipe.



24 marzo, 2016

Poema de boda

"Cuando por fin se encuentran dos almas", de Victor Hugo

Cuando por fin se encuentran dos almas,
Que durante tanto tiempo se han buscado una a otra entre el gentío,
Cuando advierten que son parejas,
Que se comprenden y corresponden,
En una palabra, que son semejantes,
surge entonces para siempre una unión vehemente y pura como ellas mismas,
una unión que comienza en la tierra y perdura en el cielo.
Esa unión es amor,
amor auténtico, como en verdad muy pocos hombres pueden concebir,
amor que es una religión,
Que deifica al ser amado cuya vida emana
Del fervor y de la pasión y para el que los sacrificios
Más grandes son los gozos más dulces. 

18 enero, 2016

Declaración matrimonial de John Stuart Mill a Harriet Taylor

6 de marzo de 1851



Estando a punto  -si tengo la dicha de obtener su consentimiento- de entrar en relación de matrimonio con la única mujer con la que, de las que he conocido, podría haber yo entrado en ese estado; y siendo todo el carácter de la relación matrimonial tal y como la ley establece, algo que tanto ella como yo conscientemente desaprobamos, entre otras razones porque la ley confiere a una de las partes contratantes poder legal y control sobre la persona, la propiedad y la libertad de acción de la otra parte, sin tener en cuenta los deseos y la voluntad de ésta, yo, careciendo de los medios para despojarme legalmente a mí mismo de esos poderes odiosos, siento que es mi deber hacer que conste mi protesta formal contra la actual ley de matrimonio en lo concerniente al conferimiento de dichos poderes; y prometo solemnemente no hacer nunca uso de ellos en ningún caso o bajo ninguna circunstancia. Y en la eventualidad de que llegara a realizarse el matrimonio entre Mrs Taylor y yo, declaro que es mi voluntad e intención, así como la condición del enlace entre nosotros, el que ella retenga en todo aspecto la misma absoluta libertad de acción y la libertad de disponer de sí misma y de todo lo que pertenece o pueda pertenecer en algún momento a ella, como si tal matrimonio no hubiera tenido lugar. Y de manera absoluta renuncio y repudio toda pretensión de haber adquirido cualesquiera derechos por virtud de dicho matrimonio.  

26 diciembre, 2015

Los compromisos

Meryl Streep con su camiseta haciendo campaña en favor de la igualdad: "Prefiero ser rebelde que esclava".


29 septiembre, 2015

Algunos Mapplethorpes


En “Cuestión de énfasis” de Susan Sontag
Hablando de fotografía y que nos fotografíen.

 “Aunque la razón me dice que la cámara no apunta a mi cabeza como el cañón de un fusil, cada vez que poso para un retrato fotográfico siento aprensión. Y no se trata del conocido temor, manifestado por muchas culturas, al robo del alma o de un aspecto de la personalidad. No imagino que el fotógrafo, para así introducir la imagen-réplica en el mundo,  me robe algo. Pero advierto que la experiencia que ordinariamente tengo de mí misma se ha trastocado. (…)


No me siento amenazada. Pero sí me siento desarmada, mi conciencia reducida a un avergonzado nudo de timideces que intentan recobrar a compostura. Inmovilizada para el examen de la cámara, siento el peso de mi máscara facial, el abultamiento y la carnosidad de mis labios, la anchura de mis orificios nasales, el desorden de mi cabello. Me siento como si estuviera detrás de mi cara, mirando afuera a través de las ventanas de mis ojos, como el prisionero de la máscara de hierro en la novela de Dumas”

07 agosto, 2015

Werner Kruse, el ilustrador de Manhattan. Documentó el Nueva York de los años 60.




26 julio, 2015

Hugh Laurie

Todo un descubrimiento, no veo la serie Doctor House, pero su protagonista Hugh Laurie es un espléndido, pianista, guitarrista y cantante de blues. Para todos aquellos que les guste el Jazz-blues disfrutarán. Una maravilla sus discos y sobre todo el último "Didn't it rain".

23 julio, 2015

Panegírico minusval 2000

He visto y he hecho cosas que jamás imaginaríais, lo supe por vuestro asombro cada vez que os las contaba.

He visto las nubes pasar como algodones bajo mis pies sobre el valle del río Deva, en Cantabria.

He bajado sin frenos en la silla, a tumba abierta, como los ciclistas, un viejo puerto en la sierra de Madrid, con la única convicción de que yo y quien empujaba y derrapaba en las curvas, éramos capaces de hacerlo. Teníamos 12 años.

En un sábado estival del 94 descubrí cruzando el Puente de Londres que se hablaba más español que inglés. Y he divisado una gaviota cruzar Times Square y perderse entre los edificios de Manhattan, como un sueño desesperado en busca de un puerto.

He amado mucho, hasta querer morirme, fijaos que disparate… y no tengo noticia de haber sido correspondido, tan solo indicios, destellos confusos, y algún que otro chasco. Finalmente el acontecimiento no tuvo lugar… queda pendiente para la próxima vida.

Sin embargo, he practicado relaciones sexuales plenas, más de lo que la mayoría probablemente habría imaginado, y mucho, mucho menos de lo que me hubiera gustado en la vida. No lo comentaba casi nunca para evitar desaprobaciones inútiles e innecesarias. Pero en esta lista de cosas por las que mi vida ha merecido la pena el sexo no podía faltar.

Me he asomado a los misterios del Cosmos. Aprendí que el Universo es muy grande y las posibilidades infinitas, así que no desesperéis. Pero decidir es hacer camino, y nunca se puede retroceder, aunque lo parezca, podemos volver a un mismo tiempo y lugar, pero siempre pagaremos un precio y nunca seremos los mismos. Eso se llama entropía.

He recorrido los otoñales bosques de la cultura de papel, la Historia, la Literatura y la Filosofía, y descubierto con regocijo que no todo está dicho. Me serví de muchos libros, aunque creo que pasé por más erudito de lo que en realidad era. La mayor parte de mi cultura provenía del cine y la televisión y de una impulsiva curiosidad por todo. Ningún libro o película me pudo dar más que algunos buenos indicios sobre quién era y por qué estaba aquí.

Practiqué la política desde el activismo y desde mi vida cotidiana, que es desde donde mejor se puede hacer sin necesidad de adherirse al poder y al dinero, para poner un granito de arena a eso de cambiar el mundo. Por si hay alguno de los presentes aún no se ha enterado: esto es la despedida de un diverso funcional. Tuve la gran fortuna de vivir como lo hice precisamente porque me permitieron aceptarme y vivir tal cual era.

Podéis felicitar a mis padres si os place, sin duda se lo merecen, sin embargo no olvidéis que no debieran haber sido los únicos soportes durante la mayor parte de mi vida. Las administraciones públicas deben garantizar la no discriminación, la igualdad y la libertad de todos poniendo a disposición los necesarios recursos, incluida la asistencia personal. Me voy con el buen gusto de haber experimentado la auténtica independencia.

Comencé varias veces a escribir mi propia autobiografía, ficcionada naturalmente, pero siempre había algo urgente que hacer y me distraía… lamento que demasiadas veces lo urgente demoró lo importante, y al final el libro quedó sin escribir, y otras muchas cosas quedaron sin hacer.

Lamento al fin dejaros, ahora que empezaba a dejar de tener miedo. Que me desembarazaba de cautelas y obligaciones. Que me permitía, a veces, presentarme ante quien fuera tal cual soy, sin ostentosas demostraciones de paciencia o resistencia, y sin preocuparme demasiado por el futuro. Di pocos pasos por ese camino, me habría gustado saber adónde me habría conducido, seguramente a un lugar bonito y tranquilo de mi conciencia, un lugar que todos deberíamos tener y compartir.

A todos aquellos y aquellas que entendieron mis necesidades y me ayudaron para hacer todo lo anterior posible, tenéis toda mi gratitud. Y a todos con los que compartisteis cualquier cosa conmigo, aunque fuese un desencuentro, se os agradece la oportunidad.

Desde vuestro recuerdo, os quiero
Paco Guzmán

18 julio, 2015

Mi motivada ausencia


La niña de la foto y su circunstancia


Steve McCurry fotógrafo de esta imagen, y su relato de las circunstancias de esta foto tan famosa.

“Le hice entre 7 y 10 fotos, porque se sentó solo durante un minuto. La elegí por sus ojos tan llamativos. Era alumna en un colegio de un campo de refugiados afganos en Pakistán. Ya había fotografiado a algunos de sus compañeros, así que no hubo que convencerla mucho. La profesora les explicó lo que yo estaba haciendo allí. La niña era un poco tímida; solo tenía 12 años. Creo que no entendía mucho de periodismo. Yo solo era un hombre extraño que hablaba una lengua rara. Eran las once de una mañana en noviembre; hacía frío. Yo llevaba un jersey. Cinco años antes, en un viaje distinto, había ido solo, de freelance, y tuve que salir de Pakistán con los negativos cosidos dentro de la chaqueta. Cuando volví en 1984 e hice esta foto fue con National Geographic. Envié el negativo por correo a la revista y hoy lo tengo guardado en mi estudio. El editor de fotografía en principio prefirió otra imagen en la que ella salía tapándose la cara con las manos. Pero la que publicaron finalmente es mucho más fuerte.
No me imaginé que llegaría a la portada de la revista. Solo intenté hacer un retrato interesante. Para hacer fotos necesitas paciencia. He estado en Afganistán unas 30 veces. La primera, cuando la guerra acababa de comenzar y EE UU apoyaba a los muyahidin, antes de que empezaran a ­combatirlos. Los afganos siempre han sido muy amables conmigo. Muchos de mis amigos de allí murieron o han terminado refugiados en otros países. Encontramos a la niña 17 años después y averiguamos que se llama Sharbat Gula. Hablamos con ella una vez al mes. Es viuda y tiene tres hijas. La revista le compró una casa y pagará los estudios de ellas. Ese es su sueño”.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2014/12/15/eps/1418667316_233687.html

30 diciembre, 2013

Juguemos... con la arquitectura colonial

La arquitectura colonial española, también llamada arte de la Nueva España surge en América Latina desde el descubrimiento del continente en 1492 hasta la independencia de sus países a principios del XIX. Se caracteriza sobre todo por las ventanas y puertas muy altas, utilización de materiales como barro o yeso y casi todas tienen patios o jardines interiores.

De estas fotografías ¿sabrías identificar qué foto es la que pertenece a Cádiz, cuál de ellas a Sevilla y a la de Cartagena de Indias?






Bye perrín

El explorador y conquistador Nuñez de Balboa, viajó de polizón con su perro Leoncico en un tonel hasta que salió en alta mar del barco del armador Fernandez Enciso y el escritor lord Byron, aficionado a la compañía de animales, dedicó un bonito epitafio a su perro llamado Boatswain.

"Aquí reposan
los restos de una criatura
que fue bella sin vanidad
fuerte sin insolencia,
valiente sin ferocidad
y tuvo todas las virtudes del hombre
y ninguno de sus defectos".

El mío ha estado conmigo 14 años, y su última excursión fue a las piraguas este verano. Cómo se les quiere a los animalitos...




03 abril, 2013

Virginia Woolf


Hace un año en las páginas culturales del diario “El País”, Antonio Muñoz Molina escribía esta semblanza afectuosa de la novelista inglesa.



Diario incesante de Virginia Woolf

A Virginia Woolf le gustaba fumar puros, jugar a los bolos y escribir a máquina. Era feminista y era pacifista, y una vez que le ofrecieron un doctorado honoris causa lo rechazó con tajante elegancia. Comparaba la felicidad de escribir impulsada por el entusiasmo de la inspiración y la perseverancia del trabajo con el ronquido de un Rolls Royce lanzado a cien kilómetros por hora; con la fuerza de las hélices de un avión. Un día estaba escribiendo en su diario y al levantar la cabeza vio por la ventana de su casa de campo un zepelín que navegaba silenciosamente en la noche, con una guirnalda de luces en la barquilla; paseando por el campo con su marido, Leonard Woolf, una mañana de primavera, vio en un prado, entre ovejas y vacas, un aeroplano de fuselaje plateado y alas azules.
Cuando la abatía la negrura de la depresión podía pasarse semanas encerrada en su dormitorio, mirando al techo, deseando morir; pero muchas más veces disfrutaba golosamente de la vida, del amor conyugal y tal vez del amor de aquella mujer a la que estaba tan unida, Vita Sackville-West, de la cercanía de sus amigos, de los paseos entre las multitudes de Londres o las caminatas solitarias por el campo; de verlo todo y apreciarlo todo; y sobre todo de la literatura, de escribir y leer, de recibir la intuición, la primera imagen de una novela y dejarse llevar por ella hasta encontrar su forma; y de escribir en su diario sobre la felicidad y la obsesión y la incertidumbre de escribir y sobre cualquier cosa que se le pasara por la imaginación y sobre cada impresión que le alertara los sentidos, sobre una visita a Thomas Hardy o un encuentro a la orilla del Támesis con George Bernard Shaw o sobre un perro que la miraba mientras trabajaba o sobre aquel aeroplano que ella y Leonard vieron un día brillando al sol en medio del campo como una prodigiosa libélula.
Escribía el diario en volúmenes de páginas en blanco encuadernados por su marido en la editorial que habían fundado los dos, la Hogarth Press. Cada año empezaba un tomo distinto. Había llenado veintisiete cuando se quitó la vida el 28 de marzo de 1941, internándose en un río con los bolsillos llenos de piedras para que su cuerpo no flotara. En los últimos tiempos sus anotaciones se habían ido haciendo más secas, mucho más cortas. El miedo a la locura se correspondía con el colapso del mundo. Hitler se había apoderado de Europa entera y cada noche las bombas de la aviación alemana asolaban uno tras otro los barrios de Londres. La casa en la que Leonard y ella vivían estaba en ruinas. Virginia Woolf volvía a Londres desde su refugio en el campo y encontraba reducidas a escombros las calles que hasta hacía muy poco tiempo fueron los lugares usuales por los que se movía. Leonard era judío: si como era probable los alemanes invadían Inglaterra Virginia y él se matarían juntos.
Un síntoma de la depresión es que la realidad exterior parece confirmar las impresiones más sombrías de quien sufre su influjo. En los últimos años, según los síntomas de la guerra inminente se hacían más visibles, según caían Checoslovaquia y Austria y se hundía la República española, Virginia Woolf había sentido cada vez con más frecuencia la mordedura del trastorno mental, y cada vez le era menos útil el remedio que siempre le había ayudado a salvarse de él: el trabajo, la escritura constante, la entrega a aquella adicción que un amigo suyo comparaba con la adicción al opio. Su prosa es una tentativa constante de crear un estilo que fluyera como el curso del tiempo, que atrapara la fugacidad y la velocidad de las cosas, la simultaneidad armónica de las palabras, los estados de conciencia, las sensaciones, los sentimientos: pero ese estilo tiene en el fondo la urgencia de una huida, la falta de sosiego de alguien que sabe que si baja la guardia o se queda inmóvil será atrapado por la bestia oscura que le viene a la zaga.
En esa pulsación rítmica y entrecortada de la escritura Virginia Woolf no se parece a nadie. Aprendió de Proust la ambición de atrapar como un flujo de ondas y partículas la textura del tiempo, la simultaneidad del presente y de la memoria; y aunque Joyce le provocaba mucho recelo y bastante desagrado aprendió de Ulises la manera en la que la conciencia observadora, la yuxtaposición de las perspectivas y el caos visual y sonoro de la ciudad moderna pueden entretejerse casi musicalmente en un solo relato. Pero en ella hay un ansia peculiar, una inmediatez física, y además un coraje personal que los escritores varones no necesitaban. No imaginamos a Joyce ni a Proust confesando tan abiertamente las propias debilidades en un diario; reconociendo que los hieren y los humillan las críticas negativas y que no son insensibles a ningún elogio; llevando la cuenta de los ejemplares vendidos de una novela. Virginia Woolf tenía miedo de no ser tomada en serio y anotaba siempre con incredulidad las señales del éxito. Se reprochaba a sí misma el daño que le hacía una reseña cruel y vencía el pudor para copiar palabra por palabra el elogio que le había hecho alguien.
No descansaba nunca. Lo que más asombra del diario es su laboriosidad incesante. Anota con alivio el final de la primera escritura de una novela y a continuación la pasa a máquina y la corrige y se la da a leer a Leonard, la presencia benéfica que apuntala su vida. Al empezar a escribir se había dejado llevar por su propio entusiasmo, por la embriaguez de inventar y escribir: apenas publicado el libro ya se aleja de él y no es capaz de recordarlo sin remordimiento. Quiere lograr una forma fluida y abierta que contenga la vida sin falsificarla. Quiere el despojamiento de la poesía y la eliminación de lo premioso o lo superfluo. Aspira a que la novela terminada conserve la libertad de un borrador. Cada libro empieza siendo una promesa y termina parcialmente en una claudicación. Así que en seguida hay que empezar otro, no porque ella se lo proponga, sino porque surge una imagen, un hilo que habrá que seguir, y porque la inactividad desemboca rápidamente en abatimiento.
De modo que no hay más remedio que escribir siempre. Cada año empieza con un tomo encuadernado y en blanco y concluye con él lleno hasta el final de escritura. El de 1941 queda inconcluso, más de la tercera parte de las hojas en blanco. Años después, Leonard Woolf repasa los 27 cuadernos y va extrayendo de ellos los pasajes relacionados con el oficio de la literatura. Uno de los mejores libros de Virginia Woolf ha llegado a existir cuando ella ya estaba muerta. Leonard Woolf, tan atento en la muerte como en la vida, lo tituló AWriter’s Diary. No conozco otro testimonio mejor sobre la felicidad y la incertidumbre de escribir. No hay confesión de un escritor en la que haya tanta verdad como en este diario de Virginia Woolf.

27 marzo, 2013

Libros que busco

Viajes por el África occidental”, de Mary Kingsley, se publicó por primera vez en Londres en 1897. Más de setecientas páginas donde la aventurera cuenta con humor los peligros a los que tuvo que hacer frente.

The Making of the African Queen” o “Rodaje de la Reina de África o como fui a África con Bogart, Bacall y Huston y casi pierdo la razón”, de Katherine Hepburn. Este libro cuenta numerosas anécdotas de la película.

Al oeste con la noche”, libro autobiográfico de la aviadora y aventurera Beryl Markham, publicado en 1942. Y recientemente, en 2012 ha sido editado en España.  Sí, y ya me lo he comprado, en breve, cuando lo lea, hago la reseña.


Vegetariana vista por dentro...


Un fauvista

Kees Van Dongen, holandés afrancesado. Los vivos colores de las obras expuestas en la exposición colectiva del Salon d’Autonmne en 1905 daría origen al nombre del grupo de pintores que se conocen como fauvistas.


16 febrero, 2013

Cuánto arte cabe...



De mi amorcito...

14 febrero, 2013

San Valentín... sin límites

Lucille Ball drinking coffee


La Princesa Leia y Chewbacca




13 febrero, 2013

Viajeras y exploradoras (II)

Mira que me gustan los libros de mujeres exploradoras. Dedicaba yo una entrada al libro a “Las reinas de África”, y ahora va a ser a “Las damas de Oriente”, grandes viajeras, en su mayoría en solitario, que viajaban por los países de Oriente. Ambos libros son de Cristina Morató, y se disfruta con su lectura.


En esta ocasión las viajeras de finales del siglo XIX y principios del XX, en su mayoría aristócratas, escritoras de sus experiencias que tendrían gran éxito con sus libros y condecoradas como damas del imperio británico y medallas de la National Geographic Society inglesa por su aportación al diseño de mapas de la zona, son:


Lady Mary Montagu, fue la primera mujer occidental que entró en un harén. Era tan aventurera que escribiría: “Toda Inglaterra estaba infectada de aburrimiento”.

Lady Hester Stanhope, por lo visto medía más de metro ochenta y fue la primera mujer que entró en la ciudad de Palmira.

Lady Jane Digby. Además de guapa era una enamoradiza… después de dos matrimonios, dejó a sus hijos con los respectivos maridos y se fue a Oriente, donde se casó felizmente con un beduino del desierto.

Isabel Burton. Era totalmente una puritana. Se casó con un diplomático inglés Robert Burton con el que viajó por todo oriente de cancillería en cancillería, más que por el placer de viajar por controlar los excesos de su marido. A la muerte de su esposo, quemó todos los apuntes que su marido había tomado durante décadas sobre las costumbres árabes. El imperio británico todavía no se lo ha perdonado.

Gertrude Bell. Gran conocedora de Oriente, ayudó a trazar las fronteras actuales de Irak. Hay una foto suya famosa con Churchill a camello en Egipto.

Freya Stark. Esta mujer era la más exploradora de todas. Se cuenta que con 90 años andaba explorando Nepal y las cumbres del Himalaya a lomos de una mula. Publicó más de 30 libros contando sus aventuras. Dejó escrito aquella frase que me fascina: “A una le sobreviene una especie de locura a la vista de un buen mapa”.

Agatha Christie. Sí, la famosa escritora de novelas policiacas. En su segundo matrimonio se casó con un arqueólogo que la llevo a sus excavaciones arqueológicas por Oriente. La escritora no sólo disfrutó haciendo inventario y limpieza de las piezas ; si no que muchas de sus novelas se inspiraron en ese entorno.

05 febrero, 2013

La mujer Disney



El estudio “La socialización desde Disney. La figura de la mujer en los clásicos”, revela que sus películas y merchandising manipulan al público infantil.

Las películas animadas objeto del estudio han sido: Blancanieves (1937), La cenicienta (1950), La bella durmiente (1959), La Sirenita (1989), La Bella y la Bestia (1991), Aladín (1992), Hércules (1997), Pocahontas (1998), Mulan (1999), Tiana y el sapo (2010) y Enredados (2011).

En ellas se destaca como tema principal el amor con unos personajes estereotipados. Así, en (Blancanieves, La cenicienta y La bella durmiente) las mujeres son protagonistas y siguen un prototipo. Son princesas, bellas, sumisas, pasivas, dependientes, irracionales, débiles, huérfanas y sujetas al hombre salvador.

Los personajes masculinos se presentan en un rango social superior a la mujer, cultivan la mente y la fuerza y utilizan la violencia para conseguir que el bien triunfe. Las villanas son mujeres, madrastras o brujas, feas, envidiosas y con carácter. Todos los personajes son superficiales: la princesa se siente atraída por el aspecto físico del príncipe, éste por el de ella, y la mala envidia la belleza de la princesa, razón por la cual busca acabar con ella, o humillarla.

A partir de La Sirenita, las protagonistas o coprotagonistas buenas son más activas y rebeldes con respecto a su entorno, pero siguen anhelando un hombre en el que encontrar el amor y les separe de esa vida que les ha tocado vivir. Además, empieza a tener especial importancia la figura de un padre sobreprotector.

En los años 90 se encuentran algunos cambios, el enemigo es un hombre, que se define por ser feo, abiertamente machista, ambicioso, y rencoroso. Asimismo, la mujer cede en varias películas el protagonismo al hombre, el cual posee nuevos roles: guapo, valiente, fuerte, atlético, y decidido. Por el contrario, a la rebeldía de la mujer se le dota de un sentido de inmadurez, que queda en un segundo plano cuando aparece el hombre.

En Tiana y el sapo se observan significativos cambios: por primera vez encontramos una princesa afroamericana, que conserva a sus dos padres, y tiene un empleo. No necesita la salvación de un príncipe, sino al contrario. A pesar de estos avances, sigue manteniendo el modelo de mujer bella, y tierna. Se podría pensar que esta película supone un cambio positivo, aunque vuelva a poner a una princesa como protagonista. Sin embargo, Enredados retoma los valores que estableció la compañía en sus orígenes: la mala vuelve a ser mujer y bruja; la buena es inocente, infantil, caprichosa y guapa; y el hombre, que ha dejado de ser príncipe, vuelve a ser el salvador.

Con todo esto se hace visible como las películas Disney intentan implantar a los niños y niñas los modelos de conducta que poseen los personajes buenos y que rechacen los de los malos. Así busca implantar la creencia de que el hombre está por encima de la mujer, que éstas deben preocuparse exclusivamente de los asuntos familiares y del hogar. De esta forma se intenta evitar que la mujer se rebele y que se produzcan movilizaciones al sistema establecido, conservando los valores morales tradicionales.

29 enero, 2013

Estereotipos femeninos… canino

Espejismos” retrata la ironía representada por los estereotipos que se imponen a través de la publicidad y la moda. La fotógrafa Andy C.R. utilizó a su perra como modelo para aplicarlos.  La serie fotográfica es excepcional.








Una geisha para una geisha


Un regalo. Una geisha. Inesperado de una detallista que no se dio cuenta que la geisha traía mensaje.




Yasuyo · Veraz:  Mi esencia es noble y honorable. Muestras mi espíritu en la integridad de tus palabras y acciones. Valorando lo que es noble y verdadero, asumes la responsabilidad de todo lo que dices y haces, te honras a ti mismo y a tu vida. 

También las mujeres sabían pintar

Un artículo de Ángeles Caso reivindicando a las mujeres pintoras a lo largo de la historia.


Aquellas mujeres fueron reales, pintaron, esculpieron. Y triunfaron. La gran pregunta es por qué no aparecen en los libros de historia del arte. Y por qué no vemos sus obras en los museos. La respuesta la tienen los hombres que, mayoritariamente, han ejercido como historiadores, críticos y conservadores.

Un amanecer de hace 25.000 años, en algún lugar cercano a lo que hoy llamamos el mar Cantábrico, un grupo de hombres —seguro que eran hombres— se abrió paso monte arriba entre los acebos y los tojos, camino de una gruta en cuya oscuridad se adentraron valientemente, iluminándose con grasientas teas. Aquella mañana milagrosa, sobre las paredes de la caverna dejaron la representación pintada o grabada de los animales de su entorno, caballos, bisontes o ciervos. Y una curiosa cantidad de siluetas de manos, que lograron hacer colocando sus palmas contra la piedra y escupiendo alrededor pigmento de ocre.

Sí, el arte paleolítico lo hicieron los varones. Eso es lo que siempre imaginamos: eran ellos quienes se dedicaban a esa actividad religioso-artística. Hombres. Cazadores y brujos, y también pintores. Pero ¿por qué ellos? ¿Hay pruebas que demuestren esa autoría masculina? Existen pruebas, en efecto, pero no en ese sentido. Los expertos siempre pensaron que, dadas las diferencias de tamaño, buena parte de las manos plasmadas en las cavernas debían de ser manos de mujer. Ahora, un programa informático diseñado por científicos del Centre National de la Recherche Scientifique (el CSIC francés) lo ha demostrado: algo más de la mitad de esas siluetas corresponden, por sus medidas y su morfología, a cuerpos femeninos. Las mujeres estuvieron allí, y podemos suponer que participaron igualmente en la representación de otras figuras. En el paleolítico hubo mujeres “artistas”, que pintaron en las grutas entremezcladas con los hombres. Si nunca nos las imaginamos en esa tarea, es sin duda a causa de ese prejuicio tan asentado en nuestros cerebros que nos lleva a creer que casi todas las cosas importantes de la humanidad —salvo parir— las han hecho los hombres.

Les pido que ahora nos acerquemos por un instante al ámbito tenebroso de los monasterios medievales, donde los monjes se dedicaron durante siglos a preservar la cultura y la tradición escrita y a crear pacientemente las extraordinarias ilustraciones de los códices miniados. De nuevo los hombres. ¿Seguro...?. También en este caso los hechos demuestran algo diferente: sabemos para empezar que, hasta el siglo XIII, los monasterios europeos eran dúplices, es decir, cobijaban —aunque en edificios separados— a monjes y monjas. Ambos sexos compartían el trabajo en los scriptoria, los talleres donde se copiaban e iluminaban los manuscritos. La mayor parte de ellos carecen de firma, lo que hace imposible su atribución. Pero algunos contienen sorpresas: por ejemplo, el códice de los Comentarios al Apocalipsis de Beato de Liébana que se conserva en la catedral de Gerona y que es una obra maestra del género. El libro se terminó el 6 de julio de 975 en elscriptorium del monasterio de San Salvador de Tábara (Zamora), y está firmado por “Emeterio, monje y sacerdote” y “Ende, pintora (pictrix) y sierva de Dios”. Un primer nombre de mujer para la historia del arte español.

Qué misteriosa, Ende. Pero su existencia brumosa no es, como podría parecer, una anomalía irrepetible. Por supuesto que la presencia femenina en el mundo de las artes europeas fue rara hasta finales del siglo XIX, igual que lo fue en cualquier otra actividad que supusiera beneficios cuantiosos y prestigio social. Rara, pero real. Aunque apenas las conozcamos, hubo un notable puñado de mujeres, sin duda valientes, que a lo largo de los siglos pintaron o esculpieron. Mujeres que casi siempre habían aprendido el oficio de manos de sus propios padres en el taller familiar.

Ellas compitieron codo a codo con los hombres por lograr el apoyo de los grandes mecenas, los monarcas, la aristocracia y el alto clero. A veces fueron vapuleadas y tratadas con desprecio. Algunas abandonaron ante las presiones sociales. Otras permanecieron ocultas tras la figura del padre o del marido. Pero también las hubo que defendieron con uñas y dientes su talento y lograron imponerse como artistas de éxito en un mercado en el que la lucha por hacerse con los encargos era feroz. Unas cuantas llegaron a ser reconocidas en toda Europa, vivieron viajando de un país a otro, solicitadas de todas partes, y se construyeron sólidas fortunas.

Ahí están, como pequeños rayos de luz lunar en ese universo mayoritariamente masculino, Sofonisba Anguissola (1532-1625), que durante 13 años retrató a los miembros de la familia de Felipe II. Lavinia Fontana (1552-1614), que pintó para el Papa Clemente VIII y llegó a cobrar por sus retratos lo mismo que el gran Van Dyck. Artemisia Gentileschi (1593-1652), que ganó tanto dinero con sus espléndidos cuadros que pudo casar a sus hijas con nobles españoles, previo pago de enormes dotes. Judith Leyster (1609-1660), que alcanzó un gran éxito en Holanda. Luisa Roldán, La Roldana (1652-1704), exquisita escultora de cámara —el máximo honor de la época— de Carlos II y de Felipe V. Rosalba Carriera (1675-1757), favorita en muchos palacios e introductora de la técnica del pastel en la Francia del rococó. Angelica Kauffmann (1741-1807), que se enriqueció en Inglaterra con sus obras neoclásicas. Elisabeth Vigée-Lebrun (1755-1842), retratista preferida de María Antonieta y codiciada por la nobleza de toda Europa. Constance Charpentier (1767-1849), premiada en varios de los famosos salones parisinos de su tiempo. O Rosa Bonheur (1822-1899), famosísima en medio mundo gracias a sus cuadros de animales.

Son únicamente algunos nombres del notable grupo de mujeres que precedieron a las impresionistas y post-impresionistas —Berthe Morisot, Mary Cassat, Eva Gonzalès, Camille Claudel, Lluïsa Vidal o Suzanne Valadon— y a las artistas de las primeras vanguardias. Solo entonces, a finales del siglo XIX, cuando la condición femenina comenzaba lentamente a cambiar, empezaron a aparecer en las escuelas de arte decenas de muchachas que aspiraban a convertirse en artistas, ya no como “rarezas”, sino como auténticas iguales y colegas de los hombres. Solo entonces, a algunos no le quedó más remedio que poner en duda la idea tan extendida —y aún no del todo derrotada— de que el sexo femenino no estaba capacitado para la creación artística. “El arte es ajeno al espíritu de las mujeres, pues esas cosas solo pueden realizarse con mucho talento, cualidad casi siempre rara en ellas”, había escrito Boccaccio. Un pensamiento que repitieron una y otra vez a lo largo de los siglos muchos hombres ingeniosos. (Y sospecho que un tanto misóginos.)

Todas esas mujeres fueron reales. Existieron. Pintaron o esculpieron. Y triunfaron. La gran pregunta es por qué no aparecen en la mayor parte de los libros de historia del arte. Y por qué no vemos sus obras en los museos. Supongo que la respuesta la tienen los hombres que, mayoritariamente, han ejercido como historiadores, críticos y conservadores hasta tiempos muy recientes. Ellos, defensores conscientes o inconscientes del androcentrismo en la cultura, han relegado a las escasas artistas históricas al olvido. Han omitido sus nombres en sus estudios, han arrumbado sus cuadros en los depósitos o los han colgado en los rincones más oscuros de las salas. Y a veces, los han expuesto bajo los nombres de grandes maestros, por supuesto varones: sin ir más lejos, en el Museo del Prado han “aparecido” en los últimos años dos espléndidos retratos de Sofonisba Anguissola y uno más que se le atribuye, cuadros que siempre se habían considerado obras de otros pintores.

Sí, ya sé, ya sé, el eterno recelo: es cierto que ninguna de ellas llegó a ser Leonardo o Velázquez o Goya. No hubo ningún genio entre esas pintoras. Pero quienes afirman eso suelen olvidar que su número fue mucho menor que el de los hombres, su lucha mucho más intensa y probablemente su autoestima infinitamente más débil. Y que, desde luego, tampoco la mayoría de los artistas masculinos que aparecen en los manuales de historia del arte y que cuelgan en los museos fueron Leonardo, ni Velázquez, ni Goya. Y, sin embargo, ahí están. Visibles y recordados, aunque no fueran los mejores, mientras ellas descansan todavía, en buena medida, en el limbo —tan femenino— de la inexistencia.

24 diciembre, 2012

George Hurrell, el fotógrafo

Apodado el gran señor del retrato en Hollywood. Empezó fotografiando a estrellas del cine mudo y la MGM le contrató en 1930 para fotografiar su galería de actrices y actores: Joan Crawford, Clark Gable y Greta Garbo… inspiró un género “la fotografía glamurosa”.  Se trasladó a la Warner Bross y ayudó a crear carreras como la de Bette Davis, Humphery Bogart, Errol Flynn y James Cagney. En la Columbia forma la imagen de Rita Hayworth… Ya por libre fotografió a Liza Minelli, Paul Newman, Robert Redford y Sharon Stone.

En 1965 el Museo de Arte Moderno de Nueva York le dedica una exposición.


08 diciembre, 2012

De Bobarys

Flaubert intercambió correspondencia con una escritora de segunda fila a la que no conoció jamás, Leroyer de Chantepie, consumada fans de Flaubert al que sacaba 20 años.


En su fascinación por Madame Bobary, hay un momento que la Chantepie se compara con ella y Flaubert le escribe: “No se compare con la Bobary. ¡Apenas se le parece! Dada su cabeza y corazón, valía menos que usted, pues es una naturaleza algo perversa, una mujer de falsa poesía y de falsos sentimientos. La primera idea que tuve fue la de convertirla en una virgen que viviera en medio de la provincia, envejeciendo de pena hasta los últimos estados del misticismo y de la pasión soñada”.

Hay un librito que es una joyita, titulado “Querida maestra…” Escritoras en la correspondencia de Flaubert”. Son una selección de cartas escritas entre Flaubert y George Sand y Flaubert y Leroyer de Chantepie. Destacan sobre todo las despedidas al principio frías y después efusivas de Flaubert-Sand y Sand-Flaubert.

La gata Fanchette de Claudine

“Fanchette también ama los libros como un anciano sabio y me atormenta todas las noches, después de cenar, para que le retire de la estantería dos o tres de los Larousse grandes de papá; el vacío que dejan constituye una especie de cuartito cuadrado, donde Fanchette se instala y se enrosca. Cierro el cristal, y su ronroneo prisionero vibra con un incesante ruido de tambor en sordina. De vez en cuando la miro, y entonces me hace señas con sus cejas, que alza como si fuera una persona (…)


Tienes una conducta bastante indigna. Dos o tres veces al año te encuentro en el jardín, sobre las paredes, con una expresión loca y ridícula, y una recua de mininos a tu alrededor. Hasta conozco a tu favorito, perversa Fanchette. Es un morrongo gris, sucio, flaco, sin pelo, con orejas de conejo y patas toscas. ¿Cómo puedes degradarte tanto y tan a menudo con ese animal de tan baja extracción? Sin embargo, cuando me ves, incluso en esos momentos de demencia, recobras durante un instante tu expresión habitual y maúllas amistosamente, como si quisieras decirme. “¡Ya ves cómo estoy. No me desprecies demasiado… la naturaleza tiene sus exigencias… Pero volveré pronto a casa y me lameré largo rato para purificarme de esta descocada existencia!”. ¡Oh, mi hermosa Fanchette blanca! ¡Te sienta tan bien portarte mal!

“Claudine en la escuela” - Colette

31 octubre, 2012

Perros tuneados

Una nueva tendencia que nos viene de China y consiste en transformar al perro en versiones de otros animales... el preferido es el modelo oso panda. Pobres perros.